
Combatir al cáncer se hace con un buen diagnóstico del radiólogo y su doctor personal, dosis de optimismo, y mucha lógica.
No voy a entrar en explicaciones sobre el tema del cáncer porque la Internet y las librerias están saturadas de ese tipo de literatura pero les contaré mi propia historia y seguimiento del problema hasta convertirse en maseptomía.
Corria el año 1965, en ese entonces me detecté un quiste en el seno derecho. En esa fecha trabajaba como auxiliar técnico de Anatomía Patológica por lo que todo el personal se solidarizó con mi problema y acto seguido, vinieron los exámenes de rayos X (gracias a Dios no había aparatos de mamografía) por lo que todo fue muy fácil y nada doloroso. Me hicieron la biopsia del seno derecho en el Hospital Oncológico de la ciudad de Camagüey y los dos hospitales, el Manuel Ascunce Domenech mi centro de trabajo, compartieron el tejido haciendo dos diagnósticos simultáneamente y gracias a Dios el quiste fue benigno en esa época. ¡Un Fibroadenoma! Pasaron varios años antes que se formara el segundo en la misma mama. En ese entonces estaba viviendo ya en USA y con el seguro médico de la Kaiser Permanente. Me ordenaron de nuevo la mamografía en ese año y oh Dios, esa es la tortura más grande en relación a los exámenes en busca del cáncer mamario en la mujer.
Al hacernos un mamograma no solamente estamos buscando salvar la vida, pero sufrir varios días de dolores en los senos. Aprietan tanto que es cómo si te las plancharan sin misericordia. Estoy segura que el que inventó esa máquina fue un hombre, que debió probarla con sus testículos primeros, porque si no… no la inventa, o la hubiera mejorado para que no sufriéramos tanto. El resultado de esa mamografía un quiste en el mismo seno y casi en el mismo lugar que el anterior. Me ordenaron una biopsia abierta en el salón de operaciones y en mi caso realizada con anestesia local, no quise la general porque estaba interesada en ver que sucedía. Ese día me introdujeron una aguja en el seno en el departamento de radiología tan fina y tan grande cómo el tamaño de una aguja de tejer medias y con ella (para mi clavada) para ellos “insertada” (más suave el vocablo) me llevaron al salón de operaciones alegando que la aguja era para detectar en la zona que estaba alojado el quiste y la profundidad, porque era muy pequeño y el doctor lo encontaría fácilmente. Diagnóstico, un ¡Fibroadenoma!
De esa etapa tengo una foto (que se las prometo algun dia cuando la encuentre) que