



El Comandante Fidel Castro Ruz, denominado por nosotras el “Fracasado de las Américas”
Esta foto de Fidel Castro Ruz y nosostras fue tomada en la Bodega “La Tuya” en el Reparto Imán, Carretera Central Oeste Camagüey Cuba, a muy poco tiempo del triunfo de la Revolución cubana. Todo comenzó una mañana cuando fuímos a la bodega a comprar algo. Tenía trece años de edad y mi hermana quince. Vimos sentado a un hombre en el borde del portal de la tienda por mucho rato y nos pareció extraño que no hablara con alguien. Nos fuimos a casa que quedaba paralela a la bodega. Pasó casi toda la mañana cuando de repente veo por la ventana a muchísimos soldados llamados en ese entonces “rebeldes” con fusiles en mano cerrando la calle, y lo hicieron hasta donde teminaba la casa y bodega. Simultáneamente otro grupo de soldados cerraron la entrada que provenía de la Carretera Central hacia la bodega, por lo que mi casa quedaba fuera del cerco por unos pies de distancia. En ese grupo de “rebeldes” se encontraba el hombre misterioso que estuvo casi toda la mañana sentado afuera de la bodega.
Llamo a mi hermana para que viera el espectáculo e inmediatamente y sin pensarlo (cosas de jóvenes imprudentes) me toma de la mano y salimos corriendo y entramos al patio de la casa por una puerta que daba al frente de la nuestra y solamente nos separaba la calle. No le dimos tiempo a los soldados ni a que nos preguntaran a dónde íbamos, el caso es que sabíamos que algo les pasaba a nuestros amigos y queríamos saberlo. Con las mujeres de esa casa y que aparecen en la foto que les muestro siempre jugábamos Canasta y competíamos entre todas aunque hay una en la foto que solamente es amiga de la familia al igual que nosotras. Llegamos a dentro de la bodega por la parte de atrás y el panorama nos impactó.
Por supuesto, siempre éramos bien recibidas por esa familia. La bodega estaba llena de soldados y dentro nada más y nada menos, que el Comandante en Jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz. En esa época era un hombre tipo galán de cine, emanaba un aire de poder que impresionaba. Tenía una mirada directa a los ojos de su interlocutor como dominando la situación; fue bastante grocero con los dueños de la tienda a pesar que éstos eran muy revolucionarios y ni siquiera correspondió con el saludo. En ese tiempo el dependiente atendía la bodega cómo dueño, pues era un negocio familiar. Le dio un papelito doblado al Comandante en Jefe y con actitud despectiva éste lo apartó y de mala gana aceptó el papel muy bien doblado y se lo puso en el bolsillo de la camisa. Nunca supimos lo que decía ese papel.